Dr. Alejandro Pájaro Vallín
Cirujano pediatra · Urología pediátrica
Cédulas 8305921 · 10993625 · 12486876
Es de las frases que más angustian en el embarazo y de las que menos se explican. La mayoría de las hidronefrosis leves se resuelven solas antes de los dos años, sin cirugía y sin secuelas.
Revisado porDr. Arturo Javier Cavazos Castro
Cirujano pediatra · Alta especialidad en urología pediátrica
Cédula profesional 10402640 · Formado en el Instituto Nacional de Pediatría
El riñón produce orina de forma continua y la envía a la vejiga por un tubo delgado, el uréter. Cuando ese paso encuentra alguna resistencia, la orina se acumula y la parte central del riñón se dilata. A eso se le llama hidronefrosis: literalmente, riñón con agua.
Más que una enfermedad, es un hallazgo. Lo que importa es qué lo está causando y si el riñón está funcionando bien. Muchas veces no hay obstrucción real: el sistema urinario del bebé simplemente todavía es inmaduro y con el tiempo se acomoda.
Se detecta en el ultrasonido del embarazo en alrededor de 1 a 2 de cada 100 gestaciones, lo que la convierte en el hallazgo renal prenatal más frecuente.
Se clasifica del grado 1 al 4 según cuánto se dilató el sistema colector y si el tejido del riñón está adelgazado. El grado es lo que determina el pronóstico y el seguimiento. Toca cada uno.
Solo se ve un poco dilatada la pelvis renal, la zona donde se junta la orina antes de bajar. El tejido del riñón está intacto. Muchas veces ni siquiera se le llama hidronefrosis, sino pielectasia.
En casi todos los casos
Ultrasonido de control
Un dato que tranquiliza: los grados 1 y 2 representan la mayor parte de los casos detectados en el embarazo, y la gran mayoría se normalizan solos durante los primeros dos años. La cirugía se reserva para una minoría, casi siempre de grado 3 o 4 con obstrucción demostrada.
Encontrar la causa es lo que define el plan. Estas son las más frecuentes, en orden.
La más común con diferencia. No hay obstrucción: el sistema urinario todavía es inmaduro y se acomoda con el crecimiento. Desaparece sola.
Estrechez en la unión entre el riñón y el uréter. Es la causa obstructiva más frecuente y la que más veces termina en cirugía cuando es severa.
La orina regresa de la vejiga hacia el riñón. No es una obstrucción sino lo contrario, y se asocia a infecciones urinarias.
El uréter se dilata, por estrechez en su desembocadura o por reflujo. Muchos mejoran solos con el tiempo.
Dos uréteres del mismo riñón. Es una variante anatómica frecuente que a veces se acompaña de dilatación o de infecciones.
Solo en varones y poco frecuente, pero es la causa que más urge descartar: obstruye la salida de la vejiga y puede dañar ambos riñones.
Una señal que cambia la prisa: si la dilatación es de los dos riñones y además la vejiga se ve engrosada, en un varón, hay que descartar válvulas de uretra posterior sin demora. Ese es el escenario que sí requiere valoración temprana, no seguimiento tranquilo.
El plan es bastante estándar y sirve saberlo desde el embarazo, para llegar con la cabeza tranquila.
Un ultrasonido hecho en las primeras 48 horas de vida puede engañar: el recién nacido está relativamente deshidratado y la dilatación se ve menor de lo que es. Por eso el primer estudio confiable se hace después de la primera semana.
Confirma si la dilatación persiste, en qué grado y si afecta uno o los dos riñones. Muchas veces ahí termina la historia, porque ya se normalizó.
Cistografía si se sospecha reflujo o válvulas, y gammagrama renal si hay que saber cuánto funciona cada riñón y si hay obstrucción real. No se piden de rutina.
Cada pocos meses al principio, espaciándose si va mejorando. Lo que se vigila no es solo el grado: es si el riñón crece bien y si el tejido se mantiene grueso.
La mayoría no se opera nunca. La cirugía se plantea cuando hay evidencia de que la obstrucción está dañando al riñón, no por el número del grado.
Basta con uno de estos criterios.
Que es la mayoría de los casos.
Cuando la causa es una estenosis ureteropiélica y hay que operar, el procedimiento se llama pieloplastia: se retira el segmento estrecho y se vuelve a unir el riñón con el uréter, dejando un paso amplio. Se puede hacer abierta o por laparoscopia según el caso y la edad.
Los resultados son muy buenos: en la gran mayoría la dilatación disminuye y la función del riñón se preserva. Después hay seguimiento con ultrasonidos durante un tiempo para confirmar que todo drena bien.
Mientras el seguimiento sigue su curso, esto es lo que amerita adelantar la cita.
En un bebé con hidronefrosis, la fiebre sin foco obliga a analizar la orina el mismo día. Puede ser una infección urinaria.
En varones, un chorro delgado, entrecortado o que gotea es un dato que hay que reportar sin esperar la siguiente cita.
En niños más grandes, episodios de dolor abdominal o lumbar con vómito pueden indicar obstrucción intermitente.
Un bebé que no crece bien, junto con dilatación de ambos riñones, merece valoración pronta.
No hay restricción de actividad, ni de alimentación, ni de vacunas. Es un hallazgo en seguimiento, no una enfermedad activa.
Cada ultrasonido con sus medidas. La comparación entre estudios es lo que decide, no un estudio aislado.
Muchas familias llegan todavía embarazadas, con el reporte en la mano y sin saber qué esperar. Esa consulta vale la pena.
Tres cirujanos pediatras del Instituto Nacional de Pediatría, con seguimiento de hallazgos renales desde el embarazo.
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Reseñas publicadas en el perfil de Google del Dr. Alejandro Pájaro. No las editamos.
El Dr. Pájaro es un excelente médico: siempre está disponible para resolver cualquier duda, sin importar el canal, el día o la hora. La claridad con la que nos explicó todo fue fundamental para que decidiéramos realizar con él la cirugía de nuestro bebé.
Me siento muy agradecida por la atención brindada a mi hijo. El protocolo que tiene junto con su equipo de trabajo previo, durante y pos cirugía brinda seguridad, confianza y minimiza la angustia y estrés que como padres experimentamos.
El Dr. Alejandro es una persona sumamente preparada, además de que logra explicar de la mejor forma los diagnósticos y tratamientos disponibles. Siempre está pendiente de la evolución de sus pacientes sin importar el horario y día de la semana.
Lo que más nos preguntan cuando llega este hallazgo.
En la mayoría de los casos no. Es el hallazgo renal más frecuente del ultrasonido prenatal y la mayor parte corresponde a grados leves que se resuelven solos antes de los dos años, sin cirugía y sin secuelas.
Lo que define el pronóstico es el grado, si afecta uno o ambos riñones y si el tejido renal se ve normal. Por eso el seguimiento importa más que el susto inicial.
Van del 1 al 4. El grado 1 es una dilatación mínima de la pelvis renal, el 2 incluye algunos cálices, el 3 afecta a todos los cálices con el riñón todavía de grosor normal, y el 4 suma adelgazamiento del tejido renal.
Los grados 1 y 2 son la mayoría y casi siempre se normalizan solos. El 3 y el 4 requieren estudio más completo.
Es el término que se usa cuando solo la pelvis renal está ligeramente dilatada, sin afectar los cálices. Corresponde al grado más leve y es un hallazgo muy común en el ultrasonido del embarazo.
La gran mayoría se resuelven solas. Se confirma con un ultrasonido después de nacer y ahí suele terminar el asunto.
Después de la primera semana de vida. Un estudio hecho en las primeras 48 horas puede engañar, porque el recién nacido está relativamente deshidratado y la dilatación se ve menor de lo que realmente es.
La excepción es cuando hay sospecha de obstrucción severa o de válvulas de uretra posterior: en ese caso se estudia de inmediato.
Solo una minoría. La cirugía se plantea cuando la dilatación aumenta en los controles, cuando el gammagrama muestra que la función renal está bajando, cuando hay obstrucción demostrada, o cuando hay infecciones urinarias de repetición.
El grado por sí solo no es indicación de operar.
Es la cirugía que corrige la estenosis ureteropiélica, la estrechez entre el riñón y el uréter. Se retira el segmento estrecho y se vuelve a unir dejando un paso amplio.
Tiene muy buenos resultados: en la gran mayoría la dilatación disminuye y la función del riñón se preserva. Después hay seguimiento con ultrasonidos por un tiempo.
No. La hidronefrosis prenatal es un hallazgo del desarrollo del sistema urinario y no se relaciona con nada que la mamá haya hecho o dejado de hacer.
Depende del caso. En dilataciones severas, cuando hay reflujo demostrado o sospecha de él, se usa profilaxis antibiótica durante un tiempo para proteger al riñón de infecciones.
En dilataciones leves aisladas no suele hacer falta. Es una decisión individual, no una regla general.
Fiebre sin causa aparente, que obliga a analizar la orina el mismo día. En varones, chorro urinario débil o entrecortado. En niños más grandes, dolor en el costado con vómito. Y poca ganancia de peso.
Fuera de eso, el bebé hace vida completamente normal: sin restricción de actividad, alimentación ni vacunas.
Sí, y muchas familias lo hacen. Llegar con el reporte del ultrasonido prenatal permite explicarte qué significa el grado, qué probabilidad hay de que se resuelva solo y cuál es el calendario de estudios después del nacimiento.
Trae el reporte completo del estudio, no solo el resumen: las medidas exactas son las que permiten comparar después.
Dr. Arturo Javier Cavazos Castro
Cirujano pediatra con alta especialidad en urología pediátrica, formado en el Instituto Nacional de Pediatría. Cédula profesional 10402640 · Pediatría 13632041 · Cirugía pediátrica 14117742.
Lo que se vigila junto con un riñón dilatado.
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