Dr. Alejandro Pájaro Vallín
Cirujano pediatra · Urología pediátrica
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Se llama anquiloglosia y hoy se corta de más. Lo que decide no es cómo se ve el frenillo, sino si está estorbando: en el bebé, para comer; en el niño, casi nunca para hablar.
Revisado porDr. Arturo Javier Cavazos Castro
Cirujano pediatra · Alta especialidad en urología pediátrica
Cédula profesional 10402640 · Formado en el Instituto Nacional de Pediatría
El frenillo lingual es la membrana que une la parte de abajo de la lengua con el piso de la boca. Todos la tenemos. Se habla de anquiloglosia, o frenillo corto, cuando esa membrana es tan corta o está insertada tan adelante que limita el movimiento de la lengua.
La palabra clave aquí es limita. Un frenillo puede verse corto y funcionar perfecto. Y uno puede verse casi normal y estar impidiendo que un bebé se prenda al pecho. Por eso el diagnóstico se hace mirando qué hace la lengua, no cómo se ve el frenillo.
Se clasifican según dónde se inserta el frenillo en la parte inferior de la lengua. Cuanto más cerca de la punta, más restringe el movimiento. Toca cada tipo para ver la diferencia.
El frenillo llega hasta la punta de la lengua. Es el más evidente: la punta se ve con una muesca o en forma de corazón al sacarla. Suele ser el que más restringe.
Evidente a simple vista
Habitualmente alta
El tipo no decide por sí solo. Un tipo 1 en un bebé que come bien y sube de peso no se toca. Un tipo 4, casi invisible, puede estar causando un problema real de lactancia. Siempre se valora la función.
Estas son las que llevan a valorar. Ninguna es "se ve corto".
Dolor que no cede aunque corrijan la postura, grietas o pezón que sale aplanado, en forma de lápiz labial.
Se prende, chupa un poco, se suelta, vuelve a intentar. Tomas eternas que terminan en frustración de los dos.
La señal más objetiva. Si el bebé no está subiendo lo esperado y la lactancia es un martirio, hay que revisar la boca.
Un clic audible porque pierde el sello con el pecho, y a veces mucho aire tragado con cólicos después.
O la saca con una muesca en la punta, en forma de corazón.
Con la boca abierta, la lengua no alcanza a subir. Esa es la limitación funcional que de verdad cuenta.
Este es el escenario donde cortar el frenillo cambia las cosas de verdad, y a veces en la misma toma. Pero antes hay que descartar lo demás, porque no todo problema de lactancia es un frenillo.
Muchísimos problemas de agarre se resuelven cambiando la postura y la profundidad con la que el bebé toma el pecho. Vale la pena una asesoría antes de pensar en cortar.
Se revisa el movimiento de la lengua, se observa una toma completa y se pesa antes y después si hace falta. Con eso se sabe si el frenillo es el que estorba.
Es rápida. En recién nacidos se hace en el consultorio, con anestesia local, y el bebé puede volver al pecho enseguida. Cuando funciona, la mejoría se nota en días.
Aquí hay que ser claros porque circula mucha desinformación. El frenillo corto rara vez es la causa de que un niño hable mal. La mayoría de los problemas de pronunciación son de desarrollo del lenguaje y se resuelven con terapia, no con un corte.
Cuando el frenillo sí interfiere, suele afectar sonidos concretos que requieren levantar la punta de la lengua, como la erre, la ele, la te y la de. Y aun así, lo primero es la valoración con terapia de lenguaje: si el niño puede producir el sonido con ayuda, el frenillo no era el problema.
Cortarle el frenillo a un niño de cuatro años para que hable mejor, sin una valoración de lenguaje previa, casi siempre es un procedimiento que no hacía falta.
El frenillo lingual se ha vuelto un diagnóstico de moda. Estas son las situaciones en las que lo correcto es no tocar nada.
Un frenillo que se ve corto pero no estorba, no se corta.
Aquí sí conviene que alguien lo revise con calma.
Se llama frenotomía cuando solo se libera la membrana, y frenuloplastia cuando además hay que reconstruir con puntos. Cuál toca depende de la edad y del grosor del frenillo.
En recién nacidos y lactantes pequeños la membrana es delgada y con pocos vasos: se libera en el consultorio con anestesia local, en minutos, y el bebé puede prenderse al pecho enseguida. Suele sangrar unas gotas y ya.
En niños más grandes el frenillo es más grueso y el niño no coopera igual, así que se hace en quirófano con anestesia general breve y puntos reabsorbibles. Sigue siendo ambulatorio: entra y sale el mismo día.
Agendar valoración
En bebés, prenderlo justo después calma y ayuda a la hemostasia. Muchas mamás notan diferencia en el agarre desde esa toma.
Los días siguientes, movimientos suaves que te enseñamos. Sirven para que la zona no se vuelva a pegar mientras cicatriza.
Paracetamol el primer día en bebés molestos. Muchos ni lo necesitan.
Bajo la lengua aparece una zona blanquecina mientras cicatriza. No es infección y no se toca.
Vale la pena decirlo antes: hay una probabilidad real de que salgas de aquí con un «no hace falta cortarlo». Eso también es un resultado.
Tres cirujanos pediatras del Instituto Nacional de Pediatría. En un recién nacido, cualquier procedimiento en la boca lo valora quien conoce al bebé completo.
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Reseñas publicadas en el perfil de Google del Dr. Alejandro Pájaro. No las editamos.
El Dr. Pájaro es un excelente médico: siempre está disponible para resolver cualquier duda, sin importar el canal, el día o la hora. La claridad con la que nos explicó todo fue fundamental para que decidiéramos realizar con él la cirugía de nuestro bebé.
Me siento muy agradecida por la atención brindada a mi hijo. El protocolo que tiene junto con su equipo de trabajo previo, durante y pos cirugía brinda seguridad, confianza y minimiza la angustia y estrés que como padres experimentamos.
Excelente médico, amable, cordial y con alta calidad humana, y sobre todo con mucho conocimiento en su área. Tenía muchas dudas sobre el padecimiento de mi pequeño y tuvo la paciencia de resolver todas mis dudas paso a paso.
Las dudas más frecuentes de mamás que están amamantando.
No por cómo se ve, sino por lo que la lengua no puede hacer. Las señales que cuentan son que no la levante hacia el paladar, que no la saque más allá del labio, o que la punta se vea con muesca en forma de corazón al sacarla.
En el bebé, la señal más útil viene de la lactancia: dolor persistente en el pezón, chasquido al mamar, tomas eternas y poca ganancia de peso.
No. Un frenillo puede verse corto y funcionar perfecto. Si el bebé come bien y sube de peso, o si el niño ya come y habla sin problema, no hay razón para tocarlo.
Se corta cuando está estorbando una función, no porque en una revisión alguien lo vio corto.
Rara vez. La mayoría de los problemas de pronunciación son de desarrollo del lenguaje y se resuelven con terapia, no con un corte.
Cuando el frenillo sí interfiere, afecta sonidos que requieren levantar la punta de la lengua, como la erre, la ele, la te y la de. Aun así, lo primero es la valoración con terapia de lenguaje.
En recién nacidos se hace con anestesia local y dura segundos. Muchos bebés lloran más por estar sujetos que por el corte, y se calman en cuanto se prenden al pecho.
En niños más grandes se hace con anestesia general breve, así que no siente ni recuerda nada.
Sí, de inmediato. En bebés se recomienda ofrecer el pecho justo después: calma al bebé y ayuda a que deje de sangrar. En niños mayores, dieta blanda y fría el primer día.
Puede pasar si la zona no se moviliza mientras cicatriza. Por eso enseñamos ejercicios suaves de lengua para los días siguientes.
También es normal que aparezca una placa blanquecina bajo la lengua durante la cicatrización. No es infección y no hay que tocarla.
Se clasifican según dónde se inserta en la lengua: tipo 1 en la punta, tipo 2 justo detrás, tipo 3 a media lengua y tipo 4 submucoso, que es el más difícil de ver porque está cubierto por mucosa.
El tipo orienta, pero no decide. Lo que decide es si la lengua se mueve o no.
Si el problema es la lactancia, mientras antes mejor: en las primeras semanas el procedimiento es más simple y la lactancia todavía se puede rescatar.
Si el motivo es el habla, no hay prisa: primero la valoración de lenguaje y, si de verdad hace falta, se programa con calma.
Lo hacen varios especialistas. Nosotros lo abordamos desde la cirugía pediátrica: valoramos al bebé completo, no solo la boca, y si hay que pasar a quirófano con anestesia general estamos en el mismo lugar donde se hace.
La consulta de valoración cuesta 1,200 pesos. Si tu bebé es recién nacido y hay indicación clara, en muchos casos el procedimiento se resuelve en esa misma visita.
Cuando hace falta quirófano con anestesia general, te entregamos la cotización desglosada por escrito en la consulta, sin cobrarte aparte por hacerla.
Dr. Arturo Javier Cavazos Castro
Cirujano pediatra con alta especialidad en urología pediátrica, formado en el Instituto Nacional de Pediatría. Cédula profesional 10402640 · Pediatría 13632041 · Cirugía pediátrica 14117742.
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